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La domesticación del perro S.E.C. (servicio de educacion para el consumidor)
Canis lupus familiaris
perro doméstico
¿Alguna vez se ha preguntado usted cómo los perros y los gatos llegaron a ser
mascotas y compañeros de los humanos?
De la fauna de su entorno, el hombre ha elegido, aislado y favorecido, para su
uso personal, algunos animales por su docilidad, por la cantidad de carne
que producen, o por otras cualidades que le benefician. Además ha
intentado mejorar y potenciar estas cualidades. Desde el Neolítico, momento en
que hicieron su aparición la domesticación y agricultura, el hombre ha
venido practicando la selección, cuya eficacia descubrió de un modo empírico.
La diferencia que existe entre la selección natural y la artificial
concierne a sus respectivos fines: la selección natural opera en mayor bien de
la especie, la artificial en mayor bien del hombre. Ambas hacen uso del mismo
material, las mutaciones y variabilidad fenotípica. La selección
artificial, lo mismo que la natural, no crea nada en si misma. Selecciona lo que
ya existe y lo potencia.
El perro
(Canis familiaris) es probablemente el mamífero domesticado más antiguo, sin
duda a causa de su tendencia a adoptar al hombre como compañero social. Se cree
que el perro se hizo comensal del hombre hacia finales del Paleolítico, en el
transcurso de la última glaciación. A partir de entonces, el perro se afirma
como compañero del hombre, sometido a un proceso de transformación gradual. Los
agricultores del neolítico ya poseían varias razas diferentes; la más común
tenía un tamaño menor que los perros actuales; otra era aun más pequeña, y una
tercera era claramente más grande.
No está todavía claro cuales son los ancestros o antepasados del perro. El
problema de si el ancestro del perro es el chacal (Canis aureus) o es el
lobo (Canis lupus) ha ocupado durante mucho tiempo la atención de los
investigadores. Algunos zoólogos designan como antepasados de algunas razas de
perros pequeños, más sumisos y obedientes, al chacal, mientras que aquellas
razas de animales más grandes y con carácter más desobediente tendrían su origen
en el lobo. Por otra parte, también habría que tener en cuenta la posibilidad de
que lobo y chacal se hibridan. Pero la hipótesis de un antepasado común para
todas las razas de perros es la más defendida por la mayoría de los
especialistas, los cuales se apoyan en una serie de rasgos de anatomía
estructural (formula dentaria y constitución del esqueleto) que, ciertamente,
emparentan más estrechamente al perro con el lobo. Estos autores defienden un
origen polifilético del perro, esto es que los ancestros del perro serian no
una, sino varias de las razas de lobos que coincidían geográficamente con el
hombre. Una de las razas de lobos que originariamente habrían degenerado en
perros estaría representado por el lobo de la India (Canis lupus pallipes),
animal de pequeño tamaño y que no aúlla, sino que solo ladra. Sin embargo,
muchas otras subespecies de lobos han podido contribuir con sus genes a la
diferenciación de las razas de perros conocidas.
El lobo, es el ancestro más probable del perro
Esta gama tan extensa de
razas, es debida a que desde el principio el hombre ejerció una selección de
direcciones diversas, en función de su valor estético o exótico, o de sus
aptitudes para cazar, guardar, etc. El perro, ha conservado así muchas
mutaciones más desfavorables que útiles para la especie. Sus variaciones
morfológicas más importantes conciernen al tamaño, la forma del cráneo, la
longitud de los miembros, las orejas, el color y la longitud del pelo. Todas
estas razas, por disparatadas que sean, se cruzan entre si (a veces la
diferencia de tamaño impide la copula) sin perder nada de su fecundidad. Por lo
que se puede decir que todos los perros son una sola especie. Desde un punto de
vista ecológico, se puede considerar que los perros son animales con una
inoperatividad evidente en el seno del ecosistema natural. Además de sus
modificaciones morfológicas, los perros carecen de un cuadro etológico de
pautas de comportamiento que sean validas ecológicamente. La domesticación
de un animal conlleva la presencia de una serie de rasgos de
comportamiento, que impiden que estos animales se desenvuelvan con éxito en
los ecosistemas naturales.
El
Alaskan malamute y
York terrier, dos razas de perros que hacen muy difícil creer que ambas
pertenezcan a la misma especie
La selección artificial, a pesar de su intensa presión, no ha conseguido dar
origen a nuevas especies. Diez mil años de mutaciones, de mestizaje, de
selección, han modificado de muchas maneras el patrimonio de una especie pero
sin hacerle perder su unidad como especie. Y es que la selección artificial,
concretamente reúne las variedades que es capaz de producir un genoma, pero no
representa un proceso evolutivo innovador. Lo mismo ocurre con otros animales
domésticos como el buey, la gallina o la oveja. La experiencia
domesticación-selección no aboca, a pesar de la amplitud de variaciones, a la
creación de especies nuevas. La domesticación y el cultivo revelan los límites
entre los que una especie es capaz de variar, pero no imprimen un movimiento
evolutivo a las especies que afectan.
La selección natural conserva los individuos que se encuentran ecológicamente en
equilibrio con el medio. La selección que practica el hombre tiene un efecto
diferente. Un ejemplo basta para demostrarlo: los genotipos de un perro y un
chacal están muy próximos y sufren las mismas mutaciones, más o menos. Sin
embargo, la especie chacal se muestra muy estable, mientras que la especie perro
se divide en numerosas
razas y
subrazas. La primera esta sometida a la selección natural que elimina las
variantes y estabiliza la especie, la segunda a la selección artificial que
conserva los “anormales” y facilita la supervivencia.
Por Plinio el Insurrecto
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