A
nuestros
amados perros …
El mejor
amigo que tiene un hombre en este mundo puede volverse contra él. Su hijo
o hija, que él ha criado con amoroso cuidado, pueden ser desagradecidos.
Aquellos que están más cerca nuestro y que nos son más queridos, aquellos a los
que les confiamos nuestra felicidad y nuestro buen nombre, pueden
traicionarnos en nuestra fe. El dinero que un hombre tiene puede
perderlo. La reputación puede ser sacrificada en un momento de acción
impensada. La gente que está dispuesta a caer sobre sus rodillas para honrarnos
cuando el éxito nos sonría, puede ser la primera en tirar la piedra de la maldad
cuando el fracaso nubla nuestras cabezas.
El único
amigo absoluto y desinteresado que puede tener un hombre, en este mundo egoísta,
el que nunca es desagradecido o traicionero, es su perro.
El perro de un hombre está a su lado en la prosperidad y en la pobreza,
en la salud y en la enfermedad. El dormirá en la fría tierra,
donde sopla el viento y la nieve se arremolina implacable, sólo para poder estar
al lado de su dueño.
Si el destino lleva a su señor a ser un proscrito en el mundo, sin amigos
y sin hogar, el perro no pide otro privilegio que el de acompañarlo para
defenderlo del peligro y pelear contra sus enemigos. Y cuando el último de todos
los actos llega, y la muerte se lleva a su amo y su cuerpo es tendido en la fría
tierra, no importa si todos los amigos prosiguen su camino. Allí, junto a su
tumba, encontraréis al noble perro, su cabeza entre las patas, sus ojos tristes
pero abiertos, en alerta vigilancia, fiel y leal aún en la muerte.
Fuente:
...parte final del alegato del fiscal en una condena a un hombre que mató al
perro de un vecino en Inglaterra.
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