En la vida emocional canina
parecen no tener lugar las emociones referidas a uno mismo: los perros no
demuestran sentir pena de sí mismos. Por ejemplo, cuando por algún motivo sufren
la privación de algunos de sus miembros –o de más de uno- se adaptan a la
situación y siguen su vida como si nada les hubiera sucedido. Y los otros perros
se comportan con ellos de la misma forma que lo hacían antes, sin marcar
diferencia alguna. O es que no notan la minusvalía o es que no le dan ninguna
importancia.
Las minusvalías son para los
perros algo con lo que tienen que vivir y no permiten que los influya en su
capacidad de disfrutar la vida. Parecen totalmente inconscientes de que los
transforman en diferentes a otros perros.
Como las emociones caninas
están en el tiempo presente inmediato, ningún hecho del pasado ni pensamiento
alguno sobre las diferencias con otros perros pueden interferir en ellas. Los
perros no se auto compadecen ni sus congéneres hacen diferencias basadas en las
minusvalías. Para los perros un perro minusválido sigue siendo un perro y no un
congénere al cual le falta algo.
Aceptación y adaptación.
Emociones centrífugas y no centrípetas. Aceptación plena del hecho y adaptación
a la situación nueva sin menoscabo de su personalidad. Los perros no claudican
ni se enroscan en sentimientos autocompasivos. Y en su mundo emocional no tiene
lugar la discriminación por minusvalía.
Otra lección para aprender de
ellos.