Están presentes en los
informativos televisivos formando parte de cualquier noticia. En este caso, Uno
manifestando y los Otros vistiendo el uniforme. Las diferencias entre ellos son
notables: Uno manifiesta sus necesidades en sus huesos a flor de piel y los
Otros, en sus ojos brillantes de salud, el privilegio de pertenecer al poder.
Uno llega acompañando la marcha
sin sentir el menor temor de ir al frente, mientras los Otros, atentos, esperan
órdenes. Hoy, el grupo de pertenencia de Uno enfrenta al grupo de los Otros en
nombre de ideologías opuestas.
Comienza el enfrentamiento y
Uno se limita a observar. Llega la represión y los Otros, respondiendo con
obediencia debida las órdenes, comienzan a avanzar hacia los manifestantes. Es
ahora cuando Uno comienza a vociferar furiosamente y se enfrenta con los Otros.
La pelea por los derechos se instala entre ambos grupos …
Los poderosos logran replegar a
los necesitados y Uno también se repliega. Con un gesto de orgullosa valentía
mira por última vez a los privilegiados del poder, da media vuelta y se aleja
siguiendo los pasos de todos y de ninguno de los manifestantes. No voltea la
cabeza, no intenta prolongar la contienda. Los Otros hacen lo mismo. Ambos, Uno
y Otros, aceptan los límites y ponen punto final al enfrentamiento.
Ni Uno NI Otros habían iniciado
la contienda, sólo acompañaban a los humanos, esos “perros extraños que caminan
en dos patas” y con quienes ellos pactan fidelidad fidelidad total, más allá de
las absurdas, alocadas y peligrosas situaciones en las que los involucran.