La primer visita
del cachorro
al veterinario
Todas las personas que poseen animales de compañía tienen una serie de
obligaciones y responsabilidades con su mascota. Además de alimentarles,
cuidarles y darles afecto, su
salud es primordial.
Regularmente, tendrás que llevar a tu perro al veterinario para confirmar que se
encuentra en un estado saludable y así, evitar a través de controles médicos que
contraiga diferentes
enfermedades. Sin embargo, la mayoría de las ocasiones esta actividad supone
un tremendo suplicio para el animal, para el veterinario e incluso para el
propietario.
Rechazo inconsciente
¿Quién no teme ir a un hospital? Por norma general, la bata blanca, el olor
de los productos que se utilizan para desinfectar, la anestesia, etc. están
relacionados con un rechazo inconsciente que se denomina 'miedo condicionado'.
La aplicación repetitiva de estos estímulos da lugar a que asociemos la visita
al médico o al hospital con un rechazo inminente, cuya consecuencia
desencadenará reacciones propias de miedo.
Lo mismo ocurre con tu mascota: generalmente, ir al especialista le supondrá
una situación estresante. Los cachorros visitan mucho al veterinario, ya que
tienen que someterse obligatoriamente a un periodo estricto de
vacunación, desparasitación,
microchip y todo a lo que obliga la Ley de Sanidad Animal.
Lo normal es que en su primera visita esté tranquilo, quizá se encuentre
incómodo por ser un lugar que no conoce, pero todavía no será consciente de
lo que se le viene encima. Posiblemente tras dos o tres consultas no quiera
volver a pisar por allí jamás. Los seres vivos desde el principio están
aprendiendo, sumando experiencias y creando asociaciones. Es probable que tu
mascota asocie que en ese lugar se sufre: las dolorosas inyecciones o la
manera que tienen para tomarles la temperatura, dan fe de ello.
La base está en la educación
Las idas y venidas al veterinario serán continuas y generalmente el
miedo se apoderará del animal en cada visita, por lo que es aconsejable
intentar que tu mascota se relaje a través de diferentes estrategias.
Los cachorros son auténticas esponjas: todo lo aprenden, tanto lo bueno como lo
malo. Educa a tu perro desde la más tierna infancia para que no tema ir al
veterinario. Al principio, es conveniente que vayas con frecuencia y que las
primeras experiencias no sean estresantes sino, simplemente, para que conozca el
lugar. Súbele a la mesa, háblale mucho y acaríciale mientras el veterinario le
realiza el primer chequeo.
Es aconsejable que este procedimiento se repita varias veces antes de comenzar
con las vacunas o tratamientos más agresivos. Al terminar, no olvides que es
importantísimo premiarle; será más fácil porque a todos los animales les
encantan las golosinas. Tu mascota te lo agradecerá mucho y lo más
importante es que asociará el premio con la manipulación del experto.
Consejos útiles para el perro
Esta conducta debería darse, no sólo en los primeros meses del perro, sino a lo
largo de toda su vida. Es importante que el veterinario y el perro se hagan
amigos y que la clínica se convierta en un lugar interesante y, en la medida
de lo posible divertido. Aún así, si tu perro es nervioso y no le vale ninguna
terapia para tranquilizarse, tienes que tener en cuenta los siguientes consejos:
-
Cuando tengas que acudir al
veterinario ve sin prisas. Recuerda que si tú estás nervioso tu
perro lo notará y él se volverá todavía más inquieto.
-
Antes de entrar en el
veterinario dale primero un largo paseo.
-
Recuerda llevar siempre
golosinas.
-
Si tu perro responde a los
ejercicios de obediencia: sienta, quieto, échate... puede resultarte muy
útil utilizarlos cuando esté en la mesa del veterinario.
-
Por el bien del veterinario,
el uso del bozal es necesario en muchos perros. Sin embargo, es
angustioso para el animal y en circunstancias de ansiedad como es el caso,
produce un estrés mayor en tu mascota. Para evitar que se produzca esta
situación, intenta que el bozal se convierta en un artilugio cotidiano,
que tu perro lo conozca y no le asuste.
Recuerda que un perro bien educado es una gran satisfacción para el dueño y
para el
veterinario. Además, estar tranquilo es bueno para el animal. Una buena
salud física es importante, pero igual de importante es la salud psicológica del
animal.
Fuente:
www.facilisimo.com
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