El perro y la gran ciudad

Actualmente, en una ciudades grandes ciudadades  son muy frecuentes los problemas de conducta en el perro de compañía.

Si el comportamiento es bueno facilitará que su propietario se encariñe con él, si es malo suele ser la causa de que sea abandonado, ubicado para adopción, regalado, o que se decida su eutanasia en casos extremos porque no cumple con las expectativas que se tenían cuando llegó al hogar.

Ingresarlo a la familia no es una decisión que deba hacerse sin pensar previamente los beneficios y dificultades que acarreará hacerlo. Es necesario recordar que las malas conductas pueden prevenirse, y si están presentes tienen tratamiento independientemente de la edad, tamaño y sexo del animal, no hay que esperar que se solucionen solas o que la situación sea insostenible para buscar resolverlas.

Pero, ¿qué factores favorecen que se presenten problemas de comportamiento en el perro del hogar?

Muchas veces se incorpora un perro a la familia pensando más en las propias necesidades que en las de él, o se busca que cubra un espacio para el cual no está preparado.

Es divertido tener un compañero de juego para los niños, a alguien con quien dormir abrazado, que de protección, que reciba al regreso a casa, o acompañe durante algunas salidas…, pero hay que recordar que es un ser vivo que tiene sus propias necesidades, entre ellas compartir mucho tiempo con quien lo tiene a su cargo para aprender lo que precisa y corregir aquello que molesta.

Además de a la vorágine de las grandes ciudades, con su gentío, movimientos y ruidos excesivos, el perro debe adaptarse a las circunstancias de cada grupo social, sin que muchas veces se lo considere como un ser sintiente.

En ocasiones debe acomodarse a la ruptura de parejas, con pérdida de compañeros y de territorio; a la tenencia compartida donde cada uno de sus tutores le impone tiempos y reglas propias; a las familias ensambladas en las que además de incorporarse personas nuevas al hogar suelen llegar otros animales, de su misma u otra especie, con los que quizá no fue socializado o podrá llevarse bien o mal, y que, además, le modifican el territorio y las rutinas generándole ansiedad. También, muchas veces vive en un departamento de pequeño tamaño que le imposibilita tener acceso a un espacio propio para alejarse y no ser molestado si lo necesita.

Ciertas veces es obligado a aceptar la adopción compartida, donde habita media semana en una casa y la otro mitad en otra; o debe acostumbrarse a los frecuentes cambios de rutina de sus propietarios que día a día suman más actividades fuera del hogar (gimnasio, viajes, reuniones) que le restan tiempo para interactuar con el perro, sin reflexionar que él está durante todo el día encerrado entre cuatro paredes, muchas veces sin contacto social con congéneres, o en ambientes carentes de estímulos diferentes que le posibiliten recorrer e investigar durante el aislamiento. Si cuando está solo gime, se lesiona a sí mismo, elimina fuera de lugar o rompe recibe castigo a la llegada de quien espera, este castigo, que suele ser de diferente intensidad en función del temperamento y estado particular de la persona que lo implementa, ya no se presenta en la fase apetitiva del comportamiento como debiera ser, complicando aún más la comunicación entre ambos y favoreciendo la presentación de comportamientos indeseables. Hay que recordar que estas conductas pueden reflejar signos de malestar emocional y necesita ayuda profesional para resolverlas y recuperar el bienestar.

Lamentablemente, pocas veces se busca, previo a la llegada del animal, adecuado asesoramiento para evaluar si se está realmente preparado para su compañía en función de la constitución, actividades y ritmo de vida de la familia, o para decidir el tamaño y sexo más acorde a la misma. Tampoco es usual, aunque debiera serlo, realizar una consulta preventiva con el veterinario para decidir como educarlo según el perfil comportamental propio del individuo.

En la forma de vida actual hay cosas que no se pueden modificar, pero sí es factible buscar que los cambios para él no sean bruscos y tenga tiempo de adaptarse a ellos. Es bueno que, independientemente de donde viva, todos los que comparten sus días con él le brinden el mismo mensaje, y que sus actividades y rutinas sean lo más estables posible.

El tenedor responsable de un perro suele reconocer fácilmente los signos que indican un malestar físico, no aquellos que señalan su malestar emocional. Una de las cinco libertades del bienestar animal es “que pueda desarrollar su comportamiento normal y esencial”, y esta es la que más fácilmente no se cumple.

El perro pertenece a una especie social, en consecuencia debe pasar la mayor parte de su tiempo acompañado, lo que sucede en la minoría de los casos que evalúo, en consecuencia hay que lograr que pueda ocupar sus ratos de soledad con algo placentero para él.

Su comportamiento depende de la genética pero también, y en mayor medida, de lo que aprende desde sus primeros meses de vida junto a su madre y hermanos, y más tarde con las personas con quienes convive, que deben contar con el tiempo suficiente para enseñarle. No nace sabiendo todo lo que necesita para su vida adulta, requiere para educarse el acompañamiento del grupo.

Por lo tanto no basta con comprar una buena raza para obtener un buen perro de compañía. Cuanto más variado sea el ambiente en el que el cachorro se desarrolla mejor será su capacidad para adaptarse a los cambios que quizá necesite enfrentar en el futuro. 

También hay que ser coherente en el mensaje que se le brinda, la buena comunicación y el trabajo diario evitan la aparición de malos comportamientos. Como expresé, se debe pensar muy bien antes de traer un perro al hogar, si se carece de recursos y tiempo disponible para él, por su bien, es mejor no hacerlo.


Agradecemos la colaboracion para la publicacion de este articulo a: Dra. Silvia I. N. Vai - Médica Veterinaria - Etología Clínica Caninos y Felinos - Terapias Asistidas con Animales - Médica Veterinaria de Planta. Unidad de Etología Clínica - Hospital Escuela. Facultad de Ciencias Veterinarias (UBA) -  Ciudad de Buenos Aires - Tel-fax: + 54 - 11 - 4701 - 4366 - http://silviavai.blogspot.com

 



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