Los perros y las minusvalias

En la vida emocional canina parecen no tener lugar las emociones referidas a uno mismo: los perros no demuestran sentir pena de sí mismos. Por ejemplo, cuando por algún motivo sufren la privación de algunos de sus miembros –o de más de uno- se adaptan a la situación y siguen su vida como si nada les hubiera sucedido. Y los otros perros se comportan con ellos de la misma forma que lo hacían antes, sin marcar diferencia alguna. O es que no notan la minusvalía o es que no le dan ninguna importancia.

Las minusvalías son para los perros algo con lo que tienen que vivir y no permiten que los influya en su capacidad de disfrutar la vida. Parecen totalmente inconscientes de que los transforman en diferentes a otros perros.

Como las emociones caninas están en el tiempo presente inmediato, ningún hecho del pasado ni pensamiento alguno sobre las diferencias con otros perros pueden interferir en ellas. Los perros no se auto compadecen ni sus congéneres hacen diferencias basadas en las minusvalías. Para los perros un perro minusválido sigue siendo un perro y no un congénere al cual le falta algo.

Aceptación y adaptación. Emociones centrífugas y no centrípetas. Aceptación plena del hecho y adaptación a la situación nueva sin menoscabo de su personalidad. Los perros no claudican ni se enroscan en sentimientos autocompasivos. Y en su mundo emocional no tiene lugar la discriminación por minusvalía.

Otra lección para aprender de ellos.

Dibujo y Texto: Graciela Isabel Torrent Bione.

 



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