El Comportamiento del Gato y su espiritu independiente y salvaje












Dentro del grupo de animales domésticos de compañía, el gato es el menos domesticado de todos ya que logro conservar su espíritu independiente y salvaje. Tal vez sean estas mismas características las que lo han colocado en el segundo lugar, detrás del perro, en la preferencia de la gente que vive en las ciudades, pues para muchas personas, el gato, representa tener un poco de naturaleza cerca de ellos.

Cuando se habla acerca del comportamiento de los animales domésticos de compañía se tiende a hacerlo en base a las pautas de conducta de los perros y en forma accidental lleva esto a englobar a los gatos domésticos dentro de las pautas del comportamiento caninas. Nada más lejano a la realidad, ya que los perros y los gatos tienen patrones de conducta diametralmente opuestos.

Los gatos al igual que los felinos salvajes, son animales asociales o poco sociales, no gregarios, esto quiere decir que poseen un estilo de vida individual y solitario, por lo cual no poseen ni responden a escalafones de jerarquía con dominantes y subordinados como lo hacen los caninos. No forman vínculos afectivos con otros congéneres u otras especies, salvo la época en que una hembra cría a sus cachorros, poseen un estricto sentido de territorialidad y espacios individuales que defienden y que no permiten que sean sobrepasados. No cazan cooperativamente y no comparten la comida ni los recursos básicos con otros congéneres. Como cualquier otra especie animal tienen un sistema de comunicación gestual y corporal bien definido para demostrar a los otros sus distintos estados de ánimo.

Naturalmente, quién esté leyendo esta nota debe estar pensando “Mi gato no es así” o “Esto está equivocado” o “Mi gato es atípico”. No es así, ya que los gatos son felinos no salvajes, y no es que no sean salvajes porque están domesticados sino porque están ADAPTADOS a la vida con el Hombre. El poder de adaptabilidad de los gatos es inmenso, y es por eso que siempre se supo hacer un lugar junto a los seres humanos a través de los tiempos. El gato no convive con el Hombre sino que permite que éste último esté cerca de él, dentro de su territorio y esto que parece un juego de palabras es la base fundamental para tener un gato como mascota y no tener que soportar problemas de mal comportamiento, que si bien aparecen en menor medida que en los perros, no dejan de producir una sensación de angustia en el propietario, y hace dificultosa la convivencia cotidiana.

Cuando a un gato no se le permite disfrutar de su conocida pachorra diurna ( por ser cazadores nocturnos los gatos duermen y recuperan energía durante el día para gastarla a la noche en actividades de caza y reproducción) y tampoco se le permite desarrollar su actividad nocturna, el animal se frustra, se estresa y comienza a exhibir su frustración mediante agresión hacia quienes lo rodean, comienzan a orinar cuanto objeto se les ocurra, lo mismo que en puertas y ventanas que le impiden su salida.

Cuando se quiere jugar con él como si fuera un perro, su cerebro busca en el archivo heredado de conductas y lo único que encuentra es que ese contacto físico es una provocación, un ataque y debe ser reprimido, entonces el animal se defiende de ese “juego” y ataca. El dueño perplejo plantea que su animal está loco, pues estaban jugando y de repente se “transformó y lo atacó ".

Un gato macho que llega a su madurez sexual y observa desde una ventana a los gatos vecinos en un techo, que huele en el aire el aroma a una gata cercana en celo, comienza a intentar salir y el no lograrlo, en el máximo de su frustración, orina cuanto lugar puede, al ser sorprendido y castigado por su dueño, inmediatamente traspasa su fuente de frustración de la puerta a su dueño y lo agrede o comienza a orinar todos los objetos que tengan el olor de quién reconoce como el causante de su frustración.

Todos estos ejemplos, tal vez un poco extremistas, llevan la intención de graficar lo distintos que son el mundo del gato y el de su dueño y remarcar que de la misma manera que con los perros compartimos algunos patrones de conducta, con los gatos NO compartimos ninguno, somos dos especies totalmente distintas, lo cual lleva a concluir que aquél que decide tener un gato como mascota debe ser consciente de lo que puede esperar de esa relación.

A modo de síntesis, los principales consejos que se pueden dar a la persona que tiene un gato como animal de compañía es que le permita a su animal, dentro de lo posible, llevar una vida independiente y que sea el gato quién marque los tiempos de actividad que pueden realizar juntos. Por ejemplo cuando el gato se acerca a buscar contacto, se debe jugar con él, pero siempre a través de algún elemento que haga de intermediario entre el animal y su dueño, como puede ser un bollito de papel de colores atado a un hilo. Nunca jugar con las manos y/o realizar forcejeos con él. Permitirle dormitar el tiempo que el animal quiera, recordando que los gatos se activan generalmente cuando comienza a anochecer, ya que poseen el ritmo circadiano (secreción interna de corticoides) inverso al nuestro).

Recordar que los gatos comen y beben pocas cantidades, muchas veces al día. Si tiene una caja sanitaria colocarla en un lugar de la casa que no sea muy transitado, colocarle un material sanitario que le agrade al gato y no que le guste al propietario por el envase o por el precio. No permitir que los niños ( y los no tan niños) molesten al gato cuando estén aburridos.

Para el final dejé el tema de la castración por ser éste un punto sujeto a mucha controversia. Particularmente creo que desde el punto de vista del comportamiento, el castrar a un gato/a doméstico/a lleva al animal a tener una mejor calidad de vida, pues al no poseer una influencia hormonal, el animal tiene menor posibilidad de frustración. En el caso de los machos la castración disminuye la potencial agresividad de los mismos. En definitiva, creo que la castración le quita un problema de encima al gato que va vivir en el seno de una familia humana.

Por último un pequeño truco para conseguir una buena relación y un buen vínculo con su gato mascota es cepillarle el pelo y/o acariciarlo desde la nuca hacia las cola todos los días pues el animal lo interpreta como una gran lengua gigante que lo acicala, y en el único momento que el gato vive esa conducta es cuando es cachorro y su madre lo limpia, lo cual lleva al gato a tener una cierta relación infantiloide y de apego y hasta de “subordinación” para con su dueño estableciendo un buen vínculo afectivo.

Una ventaja extra es que, según un estudio realizado en EE.UU., el acariciar a un gato, disminuye el pulso y la presión sanguínea de quién lo hace, debido a la sensación de tranquilidad y placer que transmite el pelaje sedoso de este apasionante animal.

Agradecemos la colaboracion por la publicacion de este articulo a:

Dr. Ricardo Bruno

http://www.conductismoanimal.com.ar

 



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