Falta de adaptacion canina primera parte

 

La inadaptacion del perro

Cada año miles de perros son abandonados o sacrificados por su comportamiento inadecuado. Las causas más frecuentes por las cuales una persona o una familia deciden deshacerse del animal son muy variadas. Agresividad, destrozos, ladridos excesivos, solo son algunas de las razones por las cuales el humano decide que la convivencia resulta imposible. Abandonar al perro o deshacerse de él representan las vías más sencillas para solucionar un problema que en muchos casos podía ser evitado con un poco de atención y sentido común. ¿Sabemos que estos comportamientos no son formas de venganza o celo por parte del perro? ¿Nos hemos parado solo por un momento a pensar que probablemente son síntomas o demandas de ayuda? 

Adaptarse al ambiente es sobrevivir


 


Cada ser vivo se ha desarrollado, en todo el curso de su historia evolutiva, gracias a sus mecanismos de adaptación a un determinado ambiente. La presencia de estos mecanismos ha permitido a algunas especies sobrevivir, mientras que otras sucumbían y se extinguían. Así muchos animales desarrollaban sus armas depredadoras, otros se adaptaban a ser presas y a huir, otros a moverse por centenares de kilómetros en búsqueda de alimento o a vivir en climas y hábitat extremados. 

Los seres incapaces de adaptarse a nuevas condiciones y a evolucionar en consecuencia, están destinado a la extinción.  

En el caso del perro la naturaleza plasmó a un carnívoro depredador con una estructura social bien definida y funcional a un determinado ambiente natural en el cual se desarrolló. Sin embargo lo que hoy en día conocemos como perro solo es un reflejo de lo que la naturaleza plasmó en millones de años, hasta el punto que si dejásemos algunos perros en un ambiente hostil probablemente no sobrevivirían. 

El ambiente “natural” de muchas razas de perro moderno creadas por el hombre es nuestra sociedad humana, solo que hemos introducido a estos animales tan de prisa, en términos de evolución, que no han tenido el tiempo de desarrollarse y adaptarse a estas nuevas condiciones. 

Es verdad que el perro ha entrado muy pronto en la historia del hombre y ha estado a su lado como compañero fiel, compartiendo el trabajo, pero hoy en día los cambios sociales que hemos experimentado, en solo pocos años, el desarrollo tecnológico y el cambio de vida de un modelo agrícola a uno urbano, han incidido tanto en el ambiente que el mismo rol del perro ha cambiado. Perros que antes compartían el trabajo con el hombre, hoy en día son relegados en pisos pequeños, y aunque tengan espacio en un jardín, no comparten en muchos casos la vida de una familia que tiene ritmos frenéticos y poco tiempo por dedicarles. 

Otros factores pueden jugar negativamente en este escenario. En la vida natural el cachorro experimenta, durante el periodo de socialización, “todos los mundos posibles” o casi, en el sentido que se expone a todos los estímulos que harán parte de su mundo futuro. En cambio, en la sociedad humana, en muchos casos los cachorros se crían en un mundo demasiado protegido, sin experimentar estímulos a los cuales no podrá adaptarse más tarde o por lo menos tendrán más problemas en hacerlo. Si un perro de trabajo no recibe una educación adecuada y no es sociable, su comportamiento instintivo puede llegar a ser incontrolable

Considerando todas estas variables está claro que se puede llegar a incompatibilidades por inadaptación del perro a nuestra vida. 


El comportamiento canino inducido por la genética

Aunque parezca raro todas las razas de perro modernas descienden de un único progenitor: el lobo. Estudios científicos de la bioquímica del ADN han permitido confirmar esta hipótesis. El hombre ha manipulado miles de generaciones de perro hasta conseguir las características que deseaba: fuerza, potencia, agilidad, valentía, aptitud a la caza, al pastoreo, a la guardia. Cada raza se ha desarrollado por un fin. Un ejemplo son los terrier. Se trata de perros diseñados por matar las ratas que plagaban los graneros de los granjeros ingleses. Se seleccionaron por su tamaño pequeño, que les permitía entrar en espacios pequeños y seguir las ratas, además de comer menos, representando un menor gasto para las familias. Su cuello fuerte y robusto y su carácter fiero y valiente hacían de él el cazador perfecto. Era un perro perfectamente adaptado a su ambiente. Pero ¿Qué pasa cuando este animal se cierra en un piso, se le lleva de paseo solo por hacer sus necesidades, no se le proporciona ningún estímulo ambiental y se le deja solo mucho tiempo cada día? Tenemos todos los ingredientes para que este perro desarrolle algún tipo de problema porque el mundo en el cual se había desarrollado ha cambiado repentinamente y él no ha tenido el tiempo de adaptarse a estos cambios en términos de evolución. Solo representa un ejemplo de las muchas razas de perro que se encuentran en la situación de no poder hacer frente a los cambios que les imponemos como animales de compañía.  


¿Es el perro un animal de compañía?

Todos responderíamos que sí a esta pregunta y no nos equivocaríamos. Sin embargo a la luz de lo que sabemos acerca de los cambios inducidos por la genética, debemos hacer algunos matices.  Como sabemos, muchas razas se han diseñado por responder a determinadas exigencias del hombre en determinadas condiciones y periodos históricos. Conocer la raza de perro que queremos adquirir o, en caso de adoptar, el temperamento y el carácter del animal que hemos escogido, nos ayudará a crear el ambiente más adecuado para un correcto desarrollo del animal. Adquirir un animal debe ser un acto de responsabilidad. Que el animal sea un compañero para nosotros necesariamente implica que nosotros también nos comportemos como tal, solo que por nuestra superior capacidad intelectual debemos hacer un paso más. 

No debemos llegar al punto que el perro tome el control de nuestras vidas, ni mucho menos: al contrario, un perro que no tiene control por parte del propietario no es un perro feliz, es un individuo estresado que siempre busca su lugar y compite por todos los recursos a su alrededor. El hecho que un animal sea “de compañía”, no implica que deje de ser un animal por convertirse en un juguete o un robot que podemos programar. Se trata de una relación de dos en la cual cada uno debe poner su parte por lo que puede y el humano que posee la racionalidad también está llamado a dirigir la relación de la mejor forma posible.    


Agradecemos la colaboracion para la publicacion de este articulo a:
Medica Veterinaria M.V. Severina (Vera) Vicinanza. Formadora.
Especializada en etología y medicina del comportamiento. 
Linkedin: http://es.linkedin.com/in/veravicinanza/
ISED: www.ised.es
Etolog, temas de etología veterinaria - http://veravicinanza.blogspot.com.es/ - 



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