Le pongo o no le pongo paseador a mi perro

Así comenzó la comunicación telefónica sobre uno de mis pacientes años atrás. 

La pregunta era apropiada, no así el horario en que el propietario, un joven de 22 años, llamó para hacérmela, eran las 6 de la mañana de un domingo invernal, y él estaba muy preocupado porque no sabía cual sería la mejor decisión para su perra dobermann de 6 meses de edad. Obviamente yo estaba en mis mejores sueños, cuando logré concentrarme en lo que necesitaba le sugerí concertar una entrevista en un día y horario más cómodo.

Así lo hizo. Él deseaba lo mejor para “Sol” pero, al mismo tiempo, temía que ella se apegara mucho al paseador y desde lo afectivo ya no dependiera de él.

  

Se tranquilizó cuando le expliqué que la salida con un paseador no reemplaza el paseo con el propietario. Uno es bueno, si está bien realizado, para socializar con congéneres si el dueño no puede brindarle frecuentes oportunidades de hacerlo, el otro para optimizar la relación entre los miembros del grupo de pertenencia, o sea los integrantes de la familia.

Por lo tanto, que el perro salga con paseador no le quita la obligación al propietario de compartir tiempo al aire libre con él permitiéndole explorar diferentes lugares e interactuar con otros de su especie, y esto es independiente del tamaño y características de la vivienda o la presencia de otros canes en la casa. Durante las consultas de etología clínica, suelen comentarme que no lo llevan a pasear porque cuentan con un amplio jardín y mucho espacio; mi respuesta es siempre la misma “una jaula puede ser de oro, pero sigue siendo una jaula”.

Lo difícil no es decidir que salga o no con paseador sino conseguir a alguien que ame lo que hace y lo haga bien. Como propietario hay que ser responsable al elegirlo, porque como en todo hay buenos y malos, y él estará a cargo del cuidado de algo muy preciado por lo menos durante unas horas al día. Siempre aconsejo tomarse un tiempo para seguirlo, obviamente sin ser notado, y constatar como trata y cuida a los animales que lleva.

Hay malos paseadores que tironean del collar de ahorque sin siquiera atender las señales corporales del perro, los gritan, patean, o dejan atados, con suerte a la sombra de un árbol, mientras conversan en el parque con otros que, como ellos, no cumplen con el trabajo que se les encomendó. O sea ese paseo no sirve para que el perro lo disfrute y se relaje.

Tampoco si en el grupo son muchos animales, o tienen diferente porte, edad, estado físico o de salud porque no todos necesitan el mismo nivel de actividad. También es importante el temperamento y buena conducta de los que lo integran, ya que aquellos de mal comportamiento pueden alterar la armonía y bienestar del resto.

Frecuentemente observo jaurías con miembros de particularidades totalmente dispares, razas grandes y gigantes con pequeñas, por nombrar extremos en tamaño y fuerza; perros muy jóvenes o viejos que con dificultad tratan de seguir el paso de los más ágiles; o aquellos con hocico chato que por sus características físicas tienen problemas para respirar y deben esforzarse sobremanera para no quedar atrás aún cuando les falta el aire.

Un número excesivo hace que quien los tiene a su cargo no pueda controlarlos a todos por igual, hay historias de perros perdidos durante el paseo, o que se vieron envueltos en peleas con heridas más o menos severas durante las interacciones con otros. Unos van por la vereda impidiendo el paso de transeúntes. Otros lo hacen por la calle, en ocasiones sin cuidar que se corran lo suficiente para no ser golpeados por el vehículo que está pasando si el conductor no es amante de los perros. Además, son pocos los que recogen sus deyecciones, lo digo con conocimiento de causa ya que muchas veces me veo levantando, no sin desagrado y maldiciones, la materia fecal que me dejan a su paso a la puerta de casa.

Un paseo inadecuado o un grupo mal formado pueden llevar a que a unos no les alcance y a otros los agote, o que la pasen realmente mal, esto se traducirá en malos comportamientos cuando regresan a su hogar.

Hay propietarios muy conformes con el servicio. Otros se quejan por el mal trato y la falta de cumplimiento de horarios, varios comentan que cuando su perro retorna después de varias horas permanece muy excitado durante largo rato, hay quienes refieren que se esconden y están de mal humor si alguien se acerca, o es difícil colocarle la correa cuando llega el horario del paseo porque buscan refugio y no responden al llamado. Estas y tantas otras, son señales que deben tenerse en cuenta porque sin duda algo no está funcionando bien con el paseador o con el grupo, el compañero de 4 patas no se expresa con palabras pero sí está diciendo algo a través de estas conductas.

Hay que recordar que los paseadores deben inscribirse en un registro oficial y legalmente no deben trasladar más de ocho perros.

El decreto N.° 1971 del año 2001 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,  reglamentó el transito y paseo de perros en espacios públicos. Esta norma establece que los perros en la vía pública tienen que permanecer con correa y bozal colocado, y solo pueden estar sueltos en caniles o lugares para tal fin. No pueden permanecer atados en árboles, postes de señalización, ni mobiliario urbano, y está permitido pasear como máximo 8 perros simultáneamente.

Además, los propietarios y paseadores deben recoger los deyecciones de los animales, cosa que lamentablemente se hace pocas veces sin considerar la importancia que tiene esta acción en salud pública, ya que el hacerlo previene enfermedades trasmitidas por parásitos intestinales a personas, sobre todo a niños y a adultos inmunosuprimidos, y a otros perros. 

En el año 2005 se abrió un registro donde deben anotarse las personas que salen con más de tres perros propios o ajenos, quienes además deben llevar consigo una credencial que los habilita a hacerlo.

La Dirección General de Higiene Urbana de la ciudad de Buenos Aires, a cargo de este registro, cuenta actualmente con mas de 1.600 paseadores inscriptos. Hoy en los hogares de la ciudad de Buenos Aires viven 430.000 perros y muchos utilizan este servicio. 1.600 parece ser un número muy pequeño si lo comparamos con la cantidad de personas que trabajan en este rubro, o sea que sin duda muchos están en infracción. Quien contrata el servicio también es responsable de que esto se revierta y debe solicitar la documentación necesaria antes de hacerlo.

Ahora bien, para que el perro pueda salir a pasear con congéneres debe tener buen comportamiento. Muchos buscan un paseador porque es inmanejable en casa o en la calle, hace destrozos, ladra mucho, orina o defeca fuera de lugar… En presencia de malos comportamientos es aconsejable consultar al veterinario para evaluarlo, corregir las conductas problema, y prepararlo para salir en grupo, así la salida e interacción con otros será beneficioso para él preservando su salud física y emocional.


Agradecemos la colaboración para la publicación de este artículo a: Dra. Silvia I. N. Vai - Médica Veterinaria - Etología Clínica Caninos y Felinos - Terapias Asistidas con Animales - Médica Veterinaria de Planta. Unidad de Etología Clínica - Hospital Escuela. Facultad de Ciencias Veterinarias (UBA) -  Ciudad de Buenos Aires - Tel-fax: + 54 - 11 - 4701 - 4366 - http://silviavai.blogspot.com




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